El mito de Sísifo: quién fue y por qué empuja una roca para siempre
El mito de Sísifo cuenta la historia del rey fundador de Corinto, el más astuto de los mortales según Homero, que se atrevió a delatar a Zeus y a engañar a la propia Muerte. Su castigo en el inframundo es uno de los más famosos de la mitología griega: empujar una enorme roca cuesta arriba que, justo antes de llegar a la cima, vuelve a rodar hasta abajo, una y otra vez, para siempre.
¿Quién fue Sísifo en la mitología griega?
Sísifo era hijo de Eolo, el rey de Tesalia que dio nombre a la estirpe de los eólidas (no hay que confundirlo con Eolo, el señor de los vientos). Según Apolodoro, fundó la ciudad de Éfira, el nombre antiguo de Corinto, y se casó con Mérope, una de las Pléyades, hijas del titán Atlas. De ese matrimonio nació Glauco, que a su vez fue padre de Belerofonte, el héroe que montó a Pegaso, el caballo alado, y mató a la Quimera. Es decir, Sísifo es el bisabuelo de uno de los grandes matadores de monstruos de Grecia.
La tradición lo recuerda sobre todo por su ingenio. En la Ilíada (VI, 152-153), Homero lo presenta como «el más astuto de los hombres», y esa fama de tramposo brillante acompaña a todas las historias que se cuentan de él. Además de fundador, Pausanias le atribuye haber instituido los Juegos Ístmicos: encontró en la costa de Corinto el cuerpo del niño Melicertes, lo enterró en el istmo y creó los juegos en su honor.
Sísifo y Autólico: el duelo de dos tramposos
Uno de los episodios que mejor retratan su carácter lo recoge Higino (Fábulas, 201). Autólico, hijo de Hermes y ladrón legendario, robaba una y otra vez el ganado de Sísifo y lo cambiaba de aspecto para que nadie pudiera reconocerlo. Sísifo, que veía cómo su rebaño menguaba mientras el de su vecino crecía, marcó las pezuñas de sus animales. Así pudo identificar las reses robadas y recuperarlas. Según esa misma fuente, durante su estancia en casa de Autólico sedujo a su hija Anticlea, que después se casaría con Laertes y daría a luz a Ulises. Por eso algunos autores posteriores a Homero, entre ellos Sófocles en sus tragedias, llaman a Ulises «hijo de Sísifo», como insulto o como explicación de su astucia. En la Odisea, en cambio, Ulises es simplemente hijo de Laertes.
¿Por qué castigaron a Sísifo? Las versiones del mito
Las fuentes antiguas no se ponen del todo de acuerdo sobre el motivo del castigo, pero la versión más citada tiene que ver con Zeus. El rey de los dioses raptó a Egina, hija del dios río Asopo. Sísifo fue testigo y, cuando Asopo recorría Grecia buscando a su hija, le reveló quién se la había llevado. Apolodoro dice que por esa delación sufre su pena en el Hades. Pausanias añade un detalle muy de Sísifo: no dio la información gratis. Exigió a cambio que Asopo hiciera brotar un manantial en el Acrocorinto, la colina que domina Corinto, y solo cuando tuvo su fuente habló. Algunos, según el mismo Pausanias, identificaban esa fuente con la célebre Pirene.
Delatar a Zeus, el rey de los dioses, era una ofensa grave, pero lo que convirtió a Sísifo en leyenda fue lo que hizo después.
Cómo Sísifo engañó a la Muerte
La versión más completa de este episodio procede de un resumen de la obra perdida de Ferécides, mitógrafo del siglo V a. C. Zeus envió a Tánato, la personificación de la Muerte, para llevarse a Sísifo. El rey logró encadenarlo y, mientras la Muerte estuvo presa, nadie en el mundo podía morir. Tuvo que intervenir Ares, el dios de la guerra, que liberó a Tánato y le entregó a Sísifo. Resulta lógico que fuera él: Ares era el más perjudicado por un mundo en el que los combates no dejaban muertos.
El regreso desde el inframundo
Ni siquiera muerto se rindió. Antes de morir, Sísifo pidió a su esposa que no le rindiera honras fúnebres ni enterrara su cuerpo. Ya en el reino de Hades, se quejó de que su mujer no había cumplido con los ritos y pidió permiso para volver a la tierra y castigar su falta. Se lo concedieron y, una vez arriba, no regresó. El poeta Teognis (vv. 702 y siguientes) ya alude a esta hazaña en el siglo VI a. C.: Sísifo fue el único que, gracias a su ingenio, subió del Hades tras persuadir con palabras astutas a Perséfone, la reina del inframundo. Solo al final, ya anciano, murió de verdad y recibió su condena.
El castigo eterno de Sísifo en el Hades
La descripción más antigua del castigo está en el canto XI de la Odisea, cuando Ulises visita el mundo de los muertos y ve a los grandes condenados: Ticio, Tántalo y, por último, Sísifo. El pasaje (XI, 593-600) muestra al rey esforzándose con manos y pies para llevar una piedra monstruosa hasta lo alto de una colina. Cada vez que está a punto de superar la cima, el peso la hace retroceder y la piedra «despiadada» rueda de nuevo hasta la llanura. Sísifo vuelve a empujar, con el sudor corriendo por su cuerpo y el polvo levantándose alrededor de su cabeza.
Homero no explica el motivo de la pena, y eso ha dejado espacio a las distintas versiones posteriores. Lo que sí transmite con claridad es la naturaleza del castigo, que tiene tres rasgos muy precisos:
- Es un trabajo físico agotador: la roca es enorme y exige todo su cuerpo.
- Es inútil: la piedra nunca llega a quedarse arriba, de modo que el esfuerzo no produce nada.
- Es eterno: no hay plazo ni perdón; el ciclo se repite sin fin.
Hay una ironía evidente en la elección del castigo. El hombre que siempre encontraba una salida, que burló a Zeus, a la Muerte y a Perséfone, queda atrapado en la única tarea para la que ninguna astucia sirve. Los dioses no lo encierran: lo condenan a no terminar nunca.
Qué significa el mito de Sísifo: simbolismo
Desde la Antigüedad se ha leído el castigo de Sísifo como una alegoría. El poeta romano Lucrecio, en De rerum natura (III, 995-1002), no cree en un Sísifo real en el inframundo: para él, Sísifo es el hombre que se obsesiona con conseguir cargos políticos, los pide una y otra vez al pueblo y siempre vuelve derrotado. Es una de las primeras lecturas psicológicas del mito.
De ahí viene también la expresión «trabajo de Sísifo» o «tarea sisífica», que usamos para cualquier esfuerzo repetitivo que no llega a ningún resultado. El mito funciona como imagen de varias ideas que se repiten en la cultura griega:
- La hybris castigada: el mortal que se cree más listo que los dioses acaba pagando su soberbia, como les ocurre a Tántalo o a Prometeo, el titán que robó el fuego.
- La muerte inevitable: Sísifo retrasa su final dos veces, pero no puede evitarlo. Nadie escapa del Hades para siempre.
- El esfuerzo sin sentido: la roca que vuelve a caer representa la rutina, la frustración y la sensación de repetir lo mismo sin avanzar.
Camus y El mito de Sísifo: la lectura moderna
La interpretación más influyente del siglo XX es la de Albert Camus. En 1942 publicó en la editorial Gallimard el ensayo Le Mythe de Sisyphe (El mito de Sísifo), en plena ocupación alemana de Francia y el mismo año que su novela El extranjero. El libro empieza con una frase célebre: solo hay un problema filosófico verdaderamente serio, el suicidio. A partir de ahí Camus desarrolla su idea de lo absurdo: el choque entre el deseo humano de encontrar sentido y un mundo que no lo ofrece.
Para Camus, Sísifo es el «héroe absurdo». Lo que le interesa no es la subida, sino el momento en que la roca cae y Sísifo baja la colina para empezar de nuevo. En ese descenso, dice, el rey es consciente de su destino, y esa lucidez lo hace superior a él. No hay esperanza de terminar, pero tampoco sumisión. El ensayo termina con dos frases que se citan constantemente:
«La lutte elle-même vers les sommets suffit à remplir un cœur d'homme. Il faut imaginer Sisyphe heureux.» (Albert Camus, Le Mythe de Sisyphe, 1942). En castellano: «La lucha misma hacia las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz».
La lectura de Camus da la vuelta al mito antiguo. Lo que para los griegos era un castigo ejemplar se convierte en una imagen de la condición humana: vivimos repitiendo tareas que no tienen un final definitivo, y aun así podemos elegir cómo las afrontamos. Por eso el Sísifo de Camus sigue apareciendo hoy en libros de filosofía, de psicología y de autoayuda, y por eso tanta gente llega al mito a través del ensayo antes que a través de Homero.
Sísifo en el arte y la cultura popular
La figura del hombre empujando la roca ha sido un motivo recurrente en la pintura. En España se conserva uno de los ejemplos más conocidos: el Sísifo de Tiziano, en el Museo del Prado, que formaba parte de una serie de condenados del inframundo pintada para María de Hungría. En la cerámica griega antigua ya aparece con frecuencia la escena de la roca, lo que demuestra lo popular que era el mito mucho antes de las lecturas modernas.
Hoy «Sísifo» es casi una palabra común. Se habla de «trabajo de Sísifo» en el periodismo, en la política o en el mundo laboral, y el personaje aparece en novelas, videojuegos y series cada vez que se quiere representar un esfuerzo que nunca termina. Pocas figuras mitológicas han pasado tan directamente al lenguaje cotidiano.
Sísifo y otros condenados del inframundo griego
Sísifo no está solo en el inframundo. En el mismo canto XI de la Odisea aparecen otros castigados famosos, y compararlos ayuda a entender la lógica griega de la pena:
- Ticio, gigante que intentó forzar a Leto, madre de Apolo y Artemisa: dos buitres le devoran el hígado.
- Tántalo, que ofendió a los dioses: está sumergido en agua hasta la barbilla y rodeado de frutas, pero el agua y las ramas se apartan cada vez que intenta beber o comer.
- Sísifo, el tramposo: condenado a un esfuerzo sin resultado.
Los tres castigos comparten una idea: el tormento está hecho a medida del pecado y no tiene fin. Pero Sísifo es un caso especial, porque es el único que antes de su condena logró salir del Hades por su propio pie. En eso se parece a Orfeo, que bajó al inframundo para rescatar a Eurídice, aunque uno usó la música y el otro el engaño. También lo conecta con Ulises y su viaje en la Odisea, el héroe que lo contempla en el Hades y al que la tradición posterior quiso convertir en su hijo: dos maestros de la astucia frente a frente, uno vivo y otro condenado. Si te interesa el destino de quienes desafían a los dioses, la historia de Prometeo y su castigo en el Cáucaso es el complemento perfecto a la de Sísifo.
Fuentes
- Homero, Odisea, XI, 593-600
- Homero, Ilíada, VI, 152-153
- Apolodoro, Biblioteca, I, 9, 3
- Pausanias, Descripción de Grecia, II, 1, 3 y II, 5, 1
- Higino, Fábulas, 201
- Teognis, Elegías, vv. 702 ss.
- Ferécides de Atenas (fragmentos, a través de escolios a la Ilíada)
- Lucrecio, De rerum natura, III, 995-1002
- Albert Camus, Le Mythe de Sisyphe, Gallimard, 1942
Preguntas frecuentes
¿Qué hizo Sísifo para ser castigado?
Según Apolodoro y Pausanias, reveló al dios río Asopo que Zeus había raptado a su hija Egina. Otras versiones añaden que encadenó a Tánato, la Muerte, y que engañó a Perséfone para volver del inframundo.
¿Qué significa la expresión trabajo de Sísifo?
Se usa para cualquier tarea agotadora y repetitiva que nunca llega a un resultado definitivo, igual que la roca que Sísifo empuja y que siempre vuelve a caer.
¿Qué quiso decir Camus con hay que imaginarse a Sísifo feliz?
En El mito de Sísifo (1942), Camus sostiene que, aunque la vida carezca de un sentido último, la conciencia y la lucha diaria bastan para llenar la existencia. Sísifo acepta su destino con lucidez y por eso no está vencido.
¿Dónde cumple Sísifo su castigo?
En el inframundo griego. Homero lo sitúa en el Hades, donde Ulises lo ve junto a Ticio y Tántalo; autores posteriores lo ubican en el Tártaro, la zona reservada a los grandes condenados.
¿Era Sísifo el padre de Ulises?
No según Homero, que lo hace hijo de Laertes. Una tradición posterior, recogida por Higino y usada por Sófocles, cuenta que Sísifo sedujo a Anticlea antes de su boda con Laertes.
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