mitologia.site
Dioses nórdicos

Por qué Odín tiene un solo ojo: el sacrificio en el pozo de Mímir

Por qué Odín tiene un solo ojo: el sacrificio en el pozo de Mímir

Odín tiene un solo ojo porque lo entregó voluntariamente en el pozo de Mímir, bajo el árbol del mundo, a cambio de beber un trago de su agua, que concede sabiduría y entendimiento. Lo cuentan dos fuentes medievales islandesas: el poema Völuspá, de la Edda poética, y la Edda en prosa de Snorri Sturluson, escrita hacia 1220. El ojo no se perdió en una batalla ni fue un castigo: fue el precio que el dios supremo pagó por conocer lo que otros no conocen.

¿Por qué Odín tiene un solo ojo? Lo que dicen las fuentes

Conviene empezar por lo que dicen los textos, porque buena parte de lo que circula sobre el ojo de Odín es interpretación moderna. Las fuentes antiguas son pocas y breves, y ninguna narra con detalle el momento en que el dios se arranca el ojo. Lo que sí dejan claro es dónde está ese ojo y para qué sirvió.

La Völuspá: el ojo escondido en el pozo

En la Völuspá («La profecía de la vidente»), una völva o adivina se dirige a Odín, que la ha despertado para interrogarla sobre el origen y el fin del mundo. En un momento del poema, la vidente le demuestra que nada se le escapa recordándole su secreto más íntimo:

«Allt veit ek, Óðinn, hvar þú auga falt: í inum mæra Mímisbrunni.» Todo lo sé, Odín, dónde escondiste tu ojo: en el famoso pozo de Mímir. (Völuspá, estrofa 28 en la numeración más habitual; traducción propia)

El poema añade que Mímir bebe hidromiel cada mañana «de la prenda del Padre de los caídos». La palabra que usa el texto, veð, significa prenda o fianza: el ojo no se describe como un pago que desaparece, sino como algo que Odín dejó depositado en el pozo.

Snorri Sturluson y el trago de sabiduría

Snorri, en la parte de su Edda llamada Gylfaginning (capítulo 15), es más explícito. Al describir las tres raíces de Yggdrasil, el árbol del mundo, cuenta que bajo la raíz que se extiende hacia la tierra de los gigantes de escarcha está el pozo de Mímir, en el que se guardan la sabiduría y el entendimiento. Su dueño, Mímir, está lleno de saber porque bebe de él con el cuerno Gjallarhorn. Según Snorri, Odín llegó allí y pidió un solo trago del pozo, y no lo obtuvo hasta que dejó su ojo como prenda. Después cita precisamente la estrofa de la Völuspá, lo que indica que Snorri trabajaba a partir de esa tradición poética más antigua.

El pozo de Mímir y el guardián de la sabiduría

Para entender el sacrificio hay que entender el lugar. El Mímisbrunnr, el pozo de Mímir, es uno de los tres manantiales que Snorri sitúa bajo las raíces de Yggdrasil. Los otros dos son Hvergelmir, en Niflheim, y el pozo de Urd, donde viven las nornas, que tejen el destino. Cada uno está ligado a un tipo de fuerza: el de Mímir, al conocimiento.

Su guardián, Mímir, es una figura sabia cuya historia tiene otra versión en la Saga de los Ynglingos, también de Snorri. Allí se cuenta que, tras la guerra entre Ases y Vanes, Mímir fue enviado como rehén a los Vanes, que acabaron decapitándolo. Odín conservó la cabeza con hierbas y encantamientos, y desde entonces consultaba con ella. La propia Völuspá recuerda que, cuando se acerque el Ragnarök, Odín hablará con la cabeza de Mímir.

El pozo no guarda solo el ojo de Odín. En la estrofa anterior de la Völuspá se dice que allí está oculto también el hljóð de Heimdall, el vigilante de Asgard. La palabra puede significar «oído» o «sonido», y los especialistas discuten si se refiere a su oído o a su cuerno. Si se trata del oído, el paralelo es evidente: dos dioses que han dejado un sentido en el pozo a cambio de una percepción superior.

¿Cuántos sacrificios hizo Odín para conseguir sabiduría?

Es frecuente mezclar el episodio del ojo con otro sacrificio distinto: el de Odín colgado del árbol. Son dos mitos diferentes, aunque comparten la misma idea de fondo. El Hávamál («Los dichos del Altísimo»), otro poema de la Edda poética, pone en boca del propio Odín el relato de cómo estuvo colgado nueve noches de un árbol azotado por el viento, herido de lanza, «entregado a Odín, yo mismo a mí mismo», sin comida ni bebida, hasta que tomó las runas gritando y cayó de nuevo. En ese pasaje no se menciona el ojo.

Si se reúnen las fuentes, la búsqueda de conocimiento de Odín incluye al menos estos tres episodios:

  1. El ojo en el pozo de Mímir (Völuspá y Gylfaginning): entrega un ojo a cambio de beber del manantial de la sabiduría.
  2. El ahorcamiento en el árbol (Hávamál, estrofas 138-141): se sacrifica a sí mismo durante nueve noches y obtiene las runas y nueve cantos poderosos.
  3. El robo del hidromiel de la poesía (Skáldskaparmál, de Snorri): bajo el nombre de Bölverk, seduce a la giganta Gunnlöð y se lleva el hidromiel que convierte en poeta a quien lo bebe.

Los tres comparten un patrón: Odín no recibe el saber como un don, sino que lo arranca a otros seres (gigantes, muertos, el propio árbol) pagando con su cuerpo, su dolor o su astucia. El ojo es el más visible de esos pagos, porque lo lleva marcado en la cara para siempre. Por eso, en las representaciones tradicionales, el dios de la sabiduría es también un dios mutilado.

Qué simboliza el ojo perdido de Odín

Las fuentes no explican el simbolismo; lo que sigue son lecturas que han propuesto los estudiosos y que ayudan a entender por qué el mito ha tenido tanta fuerza.

  • El precio del conocimiento. Es la lectura más directa: la sabiduría verdadera exige renunciar a algo valioso. Odín cambia una parte de su visión física por una visión más profunda.
  • Un ojo en cada mundo. Como el texto habla de una prenda y no de una pérdida, muchos intérpretes entienden que el ojo sigue «viendo» desde el fondo del pozo. Odín miraría a la vez el mundo visible y lo oculto.
  • La figura del vidente. En muchas culturas el adivino o el poeta inspirado tiene algún defecto en la vista. Odín, dios de la magia, la poesía y la adivinación, encaja en ese arquetipo.
  • El dios que se disfraza. El ojo único es su rasgo reconocible cuando viaja de incógnito. En la Saga de los Volsungos aparece en la boda del rey Volsung como un hombre alto, tuerto, con capa y sombrero calado, que clava una espada en el tronco del árbol del salón.

Los propios nombres de Odín reflejan esta ambigüedad. En el poema Grímnismál (estrofa 47), entre sus muchos apodos, figuran Báleygr, «el de ojos llameantes», y Bileygr, «el de vista débil». El mismo dios es a la vez el que ve más y el que ve peor.

El Odín tuerto en la arqueología

El ojo único no es una invención tardía de los escritores medievales. Hay piezas arqueológicas anteriores a los textos que muchos investigadores relacionan con esta tradición, aunque siempre con cautela.

La más citada es una de las placas de Torslunda, matrices de bronce halladas en la isla sueca de Öland y fechadas en la época de Vendel. Muestra a un guerrero danzante con casco de cuernos, y un análisis con láser realizado en Estocolmo mostró que su ojo derecho había sido eliminado deliberadamente con un punzón. Otra pieza es la figurilla de plata conocida como «Odín de Lejre», hallada en Dinamarca en 2009 y datada hacia el año 900: una figura en un trono flanqueada por dos aves, que muchos identifican con Odín y sus cuervos, y que tiene dañado un ojo. Su identificación es discutida.

El arqueólogo Neil Price y Paul Mortimer propusieron en 2014, en un artículo del European Journal of Archaeology, que el casco de Sutton Hoo pudo diseñarse para evocar a un Odín tuerto: los granates de una de sus cejas carecen de la lámina de oro reflectante que tiene la otra, de modo que con luz tenue el portador parecería tener un solo ojo. Es una hipótesis, no un hecho demostrado, pero muestra hasta qué punto la imagen del dios tuerto podía estar extendida.

Odín y Týr: los dioses mutilados

El ojo de Odín tiene un paralelo claro en su propio panteón. Týr, el dios de la valentía, perdió la mano derecha cuando la dejó en la boca del lobo Fenrir como garantía de buena fe mientras los dioses lo ataban. Snorri lo cuenta en el Gylfaginning, y la historia de Fenrir y los lobos de la mitología nórdica es inseparable de ese sacrificio.

El mitólogo francés Georges Dumézil llamó la atención sobre esta pareja: el dios tuerto y el dios manco, dos figuras soberanas que sacrifican una parte del cuerpo por el bien del orden. Dumézil comparó el caso con dos héroes de la leyenda romana, Horacio Cocles, tuerto, y Mucio Escévola, que perdió la mano derecha. Su tesis es que se trata de una herencia indoeuropea común. No todos los especialistas la aceptan, pero es una de las comparaciones más conocidas del estudio de los mitos.

Dentro de la propia mitología nórdica, el ojo sacrificado encaja con el carácter de Odín tal como lo describen las fuentes: un dios que sabe que morirá en el Ragnarök devorado por Fenrir y que dedica su existencia a reunir conocimiento y guerreros, los que esperan en el Valhalla, para esa batalla final. Su sabiduría no le salva del destino, pero le permite enfrentarlo con los ojos abiertos, o con el único que le queda.

La imagen del dios tuerto ha llegado intacta hasta hoy. Richard Wagner la recogió en su ciclo El anillo del nibelungo: en El oro del Rin su Wotan dice haber dado un ojo para conseguir a su esposa Fricka, y en el prólogo de El ocaso de los dioses las nornas recuerdan que el dios bebió del manantial junto al fresno del mundo y dejó allí un ojo como pago. Wagner combina así la tradición islandesa con su propia versión.

En el cine, el Odín de las películas de Marvel lleva un parche en el ojo, y en el videojuego God of War (2018) la cabeza parlante de Mímir acompaña al protagonista, una idea tomada directamente de la Saga de los Ynglingos. En casi todas estas versiones el ojo perdido sigue funcionando como seña de identidad del dios: basta un parche y un sombrero de ala ancha para reconocer a Odín.

Si quieres conocer al dios completo, más allá de este episodio, tienes su retrato en Odín, el dios supremo de la sabiduría y la guerra. Y si te interesa el otro gran pozo que hay bajo Yggdrasil, el de Urd, allí te esperan las tres mujeres que deciden el destino de hombres y dioses: las nornas de la mitología nórdica.

Fuentes

  • Edda poética, Völuspá, estrofas 27-28 y 46
  • Edda poética, Hávamál, estrofas 138-141
  • Edda poética, Grímnismál, estrofa 47
  • Snorri Sturluson, Edda en prosa, Gylfaginning 15 y 34
  • Snorri Sturluson, Edda en prosa, Skáldskaparmál (hidromiel de la poesía)
  • Snorri Sturluson, Saga de los Ynglingos, cap. 4
  • Saga de los Volsungos, cap. 3
  • Neil Price y Paul Mortimer, An Eye for Odin? Divine Role-Playing in the Age of Sutton Hoo, European Journal of Archaeology 17 (3), 2014
  • Georges Dumézil, Mitra-Varuna
  • Wikipedia (en), Torslunda plates y Odin from Lejre

Preguntas frecuentes

¿Qué ojo le falta a Odín, el derecho o el izquierdo?

Las fuentes escritas no lo especifican. En la placa de Torslunda el ojo eliminado es el derecho y en la figurilla de Lejre está dañado el izquierdo, así que no hay una tradición única.

¿Quién le quitó el ojo a Odín?

Nadie: según la Völuspá y Snorri, Odín lo entregó voluntariamente a Mímir como prenda para poder beber del pozo de la sabiduría.

¿Es lo mismo el sacrificio del ojo que el de Odín colgado de Yggdrasil?

No. El ojo se entrega en el pozo de Mímir; el ahorcamiento de nueve noches, narrado en el Hávamál, le da las runas. Son dos episodios distintos con la misma idea: el saber exige sacrificio.

¿Qué significa que Odín sea tuerto?

La lectura más aceptada es que simboliza el precio del conocimiento: renuncia a parte de su vista física a cambio de una visión más profunda, propia de un dios de la sabiduría y la adivinación.

¿Qué hizo Mímir con el ojo de Odín?

La Völuspá dice que el ojo quedó escondido en el pozo y que Mímir bebe hidromiel cada mañana de esa prenda de Odín.

Vídeos sobre Odín en nuestro canal

Sigue leyendo sobre dioses nórdicos