Izanagi e Izanami: el mito de la creación de Japón y el viaje al Yomi
Izanagi e Izanami son la pareja de dioses creadores de la mitología japonesa. Según el Kojiki, removieron el océano primordial con la lanza celeste Ame-no-nuboko, crearon la primera isla, se casaron y dieron a luz el archipiélago de Japón y a muchos de sus dioses. Su historia termina en tragedia: Izanami muere al parir al dios del fuego e Izanagi baja a buscarla al Yomi, la tierra de los muertos, de donde huye aterrado.
¿Quiénes son Izanagi e Izanami?
En la cosmogonía japonesa el mundo no nace de la nada, sino de un estado confuso y sin forma. Del cielo surgen primero varias divinidades aisladas y después siete generaciones de dioses, la era llamada Kamiyo Nanayo. La última generación la forman un hermano y una hermana: Izanagi, el varón, e Izanami, la mujer. Son los primeros dioses que actúan como pareja y los que dan forma a la tierra.
Sus nombres suelen interpretarse a partir del verbo japonés izanau, «invitar», con las terminaciones -gi (masculina) y -mi (femenina): serían «el que invita» y «la que invita», en alusión a cómo se llaman el uno al otro durante su boda. Es la explicación más extendida, aunque no la única. Si quieres situarlos en el conjunto del panteón, tienes el contexto general en nuestra guía de mitología japonesa: dioses, espíritus y leyendas.
El mito de la creación de Japón según el Kojiki
La versión más conocida procede del Kojiki («Crónica de hechos antiguos», 712), y el Nihon Shoki («Crónicas de Japón», 720) añade numerosas variantes. Los dioses celestes ordenaron a la pareja que diera forma a la tierra, que entonces flotaba a la deriva «como aceite», y les entregaron una lanza adornada con joyas, la Ame-no-nuboko.
La lanza Ame-no-nuboko y la isla de Onogoro
Izanagi e Izanami se colocaron sobre el Puente Flotante del Cielo, hundieron la lanza en el mar y lo removieron. Al retirarla, la sal que goteaba de la punta se acumuló y formó la primera tierra firme: la isla de Onogoro, cuyo nombre significa «que se solidificó por sí misma». Bajaron a ella, levantaron un pilar celeste y construyeron un gran palacio.
La boda alrededor del pilar celeste
Para casarse, idearon un rito: cada uno daría la vuelta al pilar en un sentido y se saludarían al encontrarse. Izanami habló primero y alabó a Izanagi, que protestó porque, según él, correspondía al varón hablar antes. De esa unión nacieron hijos imperfectos: Hiruko, el «niño sanguijuela», al que abandonaron en una barca de juncos, y la isla de Awashima. Ninguno de los dos se contó entre sus descendientes legítimos.
Los dioses del cielo, tras consultar un oráculo, explicaron el error: la mujer había hablado primero. La pareja repitió el rito, esta vez con Izanagi tomando la palabra, y la unión fue fértil. Este episodio refleja el orden social del Japón antiguo en el que se escribió el texto, y así lo suele leer la crítica moderna.
El nacimiento de las islas y de los dioses
De la segunda unión nació el país. Es el kuniumi, el «nacimiento de la tierra». Según el Kojiki, las primeras ocho grandes islas, llamadas en conjunto Ōyashima, «las ocho grandes islas», fueron estas:
- Awaji
- Iyo (Shikoku)
- Oki
- Tsukushi (Kiushu)
- Iki
- Tsushima
- Sado
- Ōyamato-Toyoakitsushima (Honshu)
El Nihon Shoki altera el orden y la lista: presenta Awaji como la «placenta» del resto e incluye otras islas en lugar de algunas de estas. Después llegó el kamiumi, el «nacimiento de los dioses»: la pareja engendró los kami del mar, los ríos, el viento, los árboles, las montañas y los campos.
La muerte de Izanami y el dios del fuego Kagutsuchi
El último hijo de Izanami fue Kagutsuchi, el dios del fuego. Al darlo a luz, la diosa sufrió graves quemaduras y murió, y aun agonizando siguieron naciendo dioses de sus vómitos y excrementos. Izanagi, desesperado, lloró sobre su cuerpo y de sus lágrimas nació otra divinidad. Después, fuera de sí, decapitó a Kagutsuchi con su espada, y de la sangre del dios del fuego surgieron nuevos kami, entre ellos el guerrero Takemikazuchi.
El Kojiki sitúa la tumba de Izanami en el monte Hiba, en la frontera entre las antiguas provincias de Izumo y Hōki. Una variante del Nihon Shoki la sitúa en Arima, en la región de Kumano, donde hoy el santuario Hana-no-Iwaya venera una gran roca asociada a la diosa.
Izanagi en el Yomi, la tierra de los muertos
Incapaz de aceptar la pérdida, Izanagi bajó al Yomi, el mundo subterráneo de los muertos, para pedir a Izanami que volviera. Ella le respondió desde la oscuridad que ya era tarde: había comido alimentos cocinados en el hogar del Yomi, y quien los prueba ya pertenece a ese mundo. Aun así, prometió consultar a los dioses del lugar y le pidió una sola cosa: que no la mirara.
La espera se hizo eterna. Izanagi rompió una púa del peine que llevaba en el pelo, la encendió como una antorcha y entró. Lo que vio fue un cadáver en descomposición, cubierto de gusanos, con ocho dioses del trueno naciendo de su cuerpo. Izanagi huyó.
La huida del Yomi y los tres melocotones
Izanami, humillada, envió tras él a las Yomotsu-shikome, las horribles mujeres del Yomi. Izanagi logró escapar con varios trucos: arrojó su tocado, que se convirtió en racimos de uvas, y su peine, que se transformó en brotes de bambú, y mientras sus perseguidoras se detenían a comer, él ganaba ventaja. Después lo persiguieron los dioses del trueno y un ejército del Yomi. Al llegar a la pendiente que separa ambos mundos, la Yomotsu Hirasaka, tomó tres melocotones de un árbol y se los lanzó, y los perseguidores retrocedieron. En agradecimiento, Izanagi pidió al melocotonero que protegiera también a los humanos.
La roca que separa la vida de la muerte
Finalmente llegó la propia Izanami. Izanagi bloqueó el paso con una roca enorme y, cada uno a un lado, los esposos pronunciaron su separación definitiva. En la traducción de Chamberlain, este es el diálogo:
«Si haces esto, en un solo día estrangularé hasta la muerte a mil personas de tu tierra». «Si tú haces eso, en un solo día levantaré mil quinientas casas de parto». (Kojiki, sección 9)
Así explica el mito que cada día muera gente y que, aun así, nazcan más personas de las que mueren. Izanami se quedó en el Yomi como su gran diosa. El propio Kojiki identifica aquella pendiente con un lugar real de la antigua provincia de Izumo.
La purificación de Izanagi y el nacimiento de Amaterasu
Contaminado por el contacto con la muerte, Izanagi se purificó en un río de Himuka, en Kiushu. Este baño ritual, la misogi, es el modelo mítico de las purificaciones con agua que todavía practica el sintoísmo. De cada prenda que se quitó y de cada parte del cuerpo que lavó nacieron dioses, y los tres últimos fueron los más importantes:
- Amaterasu, la diosa del sol, nacida de su ojo izquierdo;
- Tsukuyomi, dios de la luna, nacido de su ojo derecho;
- Susanoo, dios de la tempestad, nacido de su nariz.
Izanagi repartió el mundo entre ellos: el cielo para Amaterasu, la noche para Tsukuyomi y el mar para Susanoo. Según el Kojiki, el dios terminó retirándose a Taga, en la provincia de Ōmi, donde hoy se alza el santuario Taga Taisha; el Nihon Shoki habla en cambio de una morada en Awaji, la actual sede del santuario Izanagi Jingū.
Izanagi e Izanami y otros mitos del inframundo
El mito de Izanagi e Izanami tiene paralelos sorprendentes con relatos de otras culturas, aunque no hay pruebas de un origen común:
- Orfeo y Eurídice: un esposo baja al mundo de los muertos a recuperar a su amada y lo pierde todo por mirar cuando no debía. Lo contamos en Orfeo y Eurídice, la historia de amor del inframundo.
- Perséfone y la granada: como Izanami, Perséfone queda atada al mundo de Hades por haber probado su comida.
- El cuerpo como origen del mundo: igual que de Izanami y Kagutsuchi surgen nuevos dioses, en la mitología nórdica el mundo se forma con el cuerpo de Ymir, el gigante primordial.
El legado de Izanagi e Izanami en Japón
La pareja sigue muy presente en el paisaje religioso japonés. Además de Taga Taisha, Izanagi Jingū y Hana-no-Iwaya, varios santuarios de Awaji y del entorno de la isla presumen de ser la Onogoro del mito. El relato también sostiene ideas clave del sintoísmo: la muerte como fuente de impureza (kegare) y el agua como medio para purificarse.
La historia no acaba con la separación de los dioses creadores. De la purificación de Izanagi nace Amaterasu, y su enfrentamiento con Susanoo y su encierro en la cueva Ama-no-Iwato son el siguiente gran capítulo de la mitología japonesa. Si quieres leer las fuentes originales, te orientamos en nuestra selección de libros de mitología japonesa.
Fuentes
- Kojiki, libro I, en especial las secciones 3 y 9 (trad. B. H. Chamberlain, 1882)
- Nihon Shoki, libro I (era de los dioses), trad. W. G. Aston
- Wikipedia (en), «Izanagi»
Preguntas frecuentes
¿Qué crearon Izanagi e Izanami?
Según el Kojiki, crearon la isla de Onogoro con su lanza celeste y después dieron a luz las islas de Japón y a numerosos dioses del mar, los ríos, las montañas y el viento.
¿Cómo murió Izanami?
Murió por las quemaduras que sufrió al dar a luz a Kagutsuchi, el dios del fuego. Después bajó al Yomi, la tierra de los muertos.
¿Por qué Izanami no pudo volver del Yomi?
Porque había comido alimentos cocinados en el hogar del Yomi, y quien los prueba queda ligado a ese mundo. Además, Izanagi rompió la promesa de no mirarla.
¿Izanagi e Izanami eran hermanos?
Sí. En el Kojiki forman la última pareja de hermanos de las siete generaciones divinas y a la vez se unen como esposos para crear el mundo.
¿Qué significa la lanza Ame-no-nuboko?
Es la lanza adornada con joyas que los dioses celestes entregaron a la pareja. Con ella removieron el mar y de las gotas que cayeron de la punta nació la isla de Onogoro.
¿Quiénes son los hijos de Izanagi?
Además de los hijos que tuvo con Izanami, Izanagi engendró solo durante su purificación a Amaterasu, Tsukuyomi y Susanoo, los tres dioses más importantes del sintoísmo.
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